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Cattalini: “Santa Fe demuestra al país que se puede construir con consenso"
19 de octubre de 2025. RosarioPlus

La diputada socialista reflexionó tras su rol en la reforma constitucional, criticó con dureza la gestión Milei y defendió el rol de las coaliciones provinciales como alternativa real al centralismo y la violencia política. “El futuro se construye con diálogo, no con odio”, dijo en Sí 98.9
La diputada provincial Lionella Cattalini –una referente de la nueva generación del socialismo santafesino– habló sobre el proceso de reforma constitucional que marcó un hito en la provincia, los desafíos del presente político argentino y el rol que pueden jugar las provincias frente a un gobierno nacional que, según repudió, "profundiza el odio y la violencia". También reflexionó sobre su compromiso con el movimiento de mujeres, su denuncia contra el exjuez federal Marcelo Bailaque y la importancia de sostener la democracia a través del disenso y el respeto.
—Formaste parte de un momento histórico en la provincia de Santa Fe con la reciente reforma constitucional. ¿Qué balance hacés ahora, con la nueva Constitución ya redactada, impresa y distribuida? -preguntó Leo Ricciardino en Así de bien, por Sí 98.9.
—Me está llevando un tiempo hacer esa evaluación, porque fue un proceso muy enriquecedor pero también muy exigente. No solo fueron los dos meses intensos en Santa Fe, sino también toda la preparación previa. De todos modos, creo que el verdadero análisis lo vamos a poder hacer con más perspectiva, a largo plazo.
Personalmente, fue una experiencia sumamente enriquecedora desde lo político y desde lo humano. Fue, además, un proceso contracultural en la Argentina, que se dio justamente en nuestra provincia, en un contexto donde muchas veces parece que el debate político está ausente o reducido al grito y la confrontación. En cambio, acá se logró consensuar, discutir, ceder y dejar una Constitución mejor, más moderna y representativa.
—Y más aún, en un momento en que a nivel nacional se cuestionan derechos adquiridos...
—Exactamente. Muchos decían que no era el momento para reformar la Constitución, que no se podía hablar de derechos. Pero Santa Fe demostró que sí se puede, que se puede construir desde el consenso, aun pensando distinto. Esa voluntad colectiva fue lo que hizo posible este logro. Y cuando la voluntad se junta, ya no hay más discusión: es el momento.
—Vos venís del oficialismo provincial, pero lo que se está viendo en esta campaña es algo poco común: una provincia proyectándose con fuerza hacia lo nacional. ¿Cómo lo interpretás?
—Con mucha responsabilidad, pero también con angustia, como la sienten muchos argentinos. Estamos atravesando una crisis muy profunda, no solo económica, sino social y emocional. Y en ese contexto, que seis gobernadores con distintas trayectorias políticas —algunos del PRO, del radicalismo, del peronismo y también nosotros, desde el socialismo— decidan unirse, tiene un valor enorme.
La decisión de unirse surge como respuesta a un gobierno nacional ausente, que no mira al interior, que no escucha. Un presidente que solo sale de Buenos Aires para ir al exterior, hacer declaraciones desafortunadas o reunirse con Trump. Frente a ese abandono, los gobernadores están mostrando un modelo alternativo: uno que defienda el federalismo, la salud, la educación, la obra pública. Y en ese sentido, figuras como Maximiliano Pullaro, Gisela Scaglia y Esteban Paulón son representativas de esa nueva construcción política que quiere defender a Santa Fe en el Congreso.
—Sos militante del socialismo. ¿Qué sentiste cuando el presidente Milei atacó a quienes piensan distinto con insultos como “comunistas”, “trapos rojos” o “degenerados”?
—Es doloroso. No solo lo dijo hacia los socialistas. También atacó a la comunidad LGBTIQ+, a los artistas, a cualquiera que piense diferente. Y eso es profundamente preocupante.
El presidente tiene una responsabilidad institucional. Sus palabras influyen, generan clima social, marcan conducta. Y vemos un discurso autoritario, muy lejos de la libertad que pregona. Atacar personas por pensar distinto nos lleva a lugares oscuros de la democracia, a fomentar más odio y más violencia, justo cuando como sociedad tenemos enormes desafíos que resolver. No podemos seguir sembrando confrontación.
—Y vos misma fuiste protagonista de un hecho de gran coraje institucional: denunciaste al exjuez federal Marcelo Bailaque. ¿Qué sentiste en ese momento?
—Fue una decisión que surgió del dolor y la impotencia como rosarina. Era algo que muchos sabían, que se murmuraba en voz baja. Un entramado entre la justicia federal, empresarios, sectores políticos y el crimen organizado que ayudó a instalar la violencia en Rosario. Y frente a eso, sentí que no podía mirar para otro lado.
Fue una denuncia compleja, contra un juez federal en funciones, con poder y aliados. Pero también creo que era una responsabilidad institucional hacerlo. Hoy la causa sigue, Bailaque está con prisión preventiva, y se siguen mencionando empresarios y exfuncionarios implicados. Es parte de una justicia que debe cambiar y que muchas veces ha actuado como parte de la casta que Milei dice combatir, pero que sigue beneficiando a ciertos jueces con jubilaciones de privilegio o impunidad.
—Desde el movimiento de mujeres, también se observa retroceso en derechos y discursos de odio. ¿Cómo lo ves desde tu militancia feminista?
—El movimiento de mujeres fue el más transformador de la Argentina en los últimos tiempos. Nos hizo hablar de política en nuestras casas, en nuestras familias, en todos los espacios. Planteó debates profundos como el del aborto, que interpelaron a toda la sociedad, más allá de si uno estaba a favor o en contra.
Y eso, por supuesto, generó reacciones. Pero lo que preocupa es que esas reacciones se han institucionalizado desde el poder. Hoy tenemos un presidente que no propone nada para combatir la violencia de género o mejorar la situación de las mujeres. Solo ataca. Y eso no construye, solo genera más violencia.
Los femicidios aumentan. Las denuncias por abuso también. Y mientras tanto, se estigmatiza a quienes luchan por la igualdad. Eso es gravísimo. Hemos visto incluso casos extremos, como el de ese hombre que decía defender los derechos de los varones y terminó asesinando a su ex pareja y a su suegra. Eso no puede ser parte de la discusión democrática.
—Y dentro del Frente Unidos, que no es un bloque homogéneo, ¿cómo manejan las diferencias internas, sobre todo en temas como género o derechos sociales?
—Con diálogo y respeto. Yo creo que lo que fortalece a la democracia es el disenso. Pensar distinto no es una amenaza, es una oportunidad para construir. Desde el socialismo tenemos experiencia en formar parte de coaliciones. A veces nos toca conducir, otras veces acompañar. Pero siempre con claridad sobre nuestros valores y nuestras ideas.
Jamás pedimos que todos sean socialistas. Pero sí creemos que hay que estar abiertos a escuchar, a aprender, a debatir. Y eso también es parte del aprendizaje colectivo que necesitamos como país. En Santa Fe hemos logrado articular esas diferencias en un proyecto común, y eso es algo que vale la pena defender.
—De cara a las elecciones del 26 de octubre, ¿cómo ves el escenario político provincial y nacional?
—Todavía falta, pero lo más preocupante es la baja participación ciudadana. Hay una apatía peligrosa. Y por eso nuestro gran desafío es convocar, entusiasmar, hacer que la gente se involucre.
El 26 de octubre no es solo una elección más. Lo que pase ahí puede marcar el rumbo político de la Argentina. Esta coalición de gobernadores puede representar una alternativa real a un gobierno nacional cruel, insensible y corrupto, pero también dejar atrás el modelo kirchnerista que tanto daño hizo en términos económicos e institucionales.
El futuro tiene que construirse con educación, salud, obra pública, diálogo y transparencia. Y con personas que, aunque piensen distinto, puedan sentarse en una misma mesa a gobernar. Ese es el desafío. Y Santa Fe puede ser el faro.
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