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Las cosas que logramos
Publicado el 7 de diciembre, 2025

Este año nos dejó una experiencia política excepcional en Santa Fe: la oportunidad de participar de un proceso histórico de reforma constitucional. No fue un trámite ni una formalidad: fue un trabajo enorme, serio y responsable, que nos ocupó meses de preparación, semanas de debate y días larguísimos de análisis técnico, audiencias públicas y discusiones abiertas.
Sancionamos la ley de necesidad en diciembre del año pasado; en abril elegimos convencionales y, entre el 14 de julio y el 12 de septiembre, vivimos un período de trabajo intenso, casi cotidiano, en comisiones, con la Comisión Redactora y luego en el recinto. Más allá de las diferencias políticas, hubo algo fundamental: todas las fuerzas entendimos que estábamos frente a una oportunidad única. Que si hacíamos bien las cosas, Santa Fe podía dar un paso institucional decisivo para ordenar la provincia de cara a los próximos 30 o 40 años.
No fue fácil instalar este tema en la agenda pública: en tiempos de urgencias y de velocidad, una discusión constitucional parece lejana. Pero lo cierto es que teníamos una Constitución sancionada en el ´62 y si entendemos que una carta magna define cómo pensamos las políticas públicas, cómo distribuimos responsabilidades, qué derechos priorizamos y qué controles garantizamos, ese debate —profundo, técnico, democrático— era indispensable.
La reforma que logramos refleja ese espíritu. Incorpora más transparencia, acceso a la información pública, protección de datos personales, habeas data, mecanismos de control ciudadano y criterios de acción positiva. Todo producto del diálogo, del consenso y de la escucha: audiencias públicas, participación social y la convicción de que una Constitución se construye con pluralidad, no con imposiciones. Hoy podemos decir que tenemos una mejor Constitución, fruto de un entendimiento colectivo que hoy vale oro.
Mientras tanto, el escenario nacional mostró otra dinámica. Fue el año en que Milei consolidó su poder en el Congreso, con acuerdos legislativos clave y una oposición fragmentada. Y también fue el año en que vimos cómo el discurso contra “la casta” chocó con hechos que desmienten cualquier promesa de ejemplaridad. Vetos, audios, coimas, maniobras turbias, negociaciones difíciles de explicar y vínculos oscuros: demasiado parecido a aquello que el propio gobierno venía a denunciar.
Frente a ese clima nacional, Santa Fe mostró que se puede hacer política de otra manera: con diálogo, con acuerdos y con un sentido de responsabilidad institucional que debería ser la norma, no la excepción. Este año avanzamos en iniciativas para limitar privilegios, fortalecer los controles y discutir herramientas como Ficha Limpia en las contrataciones públicas.Son señales claras de que no estamos dispuestos a naturalizar lo inaceptable ni a convivir con lo monstruoso como si fuera parte del paisaje.
Y ahí aparece lo que para mí queda como enseñanza y como compromiso.
La democracia no se sostiene sola. Se sostiene en cada ley responsable, en cada debate honesto, en cada control que funciona, en cada límite al poder. Pero también se sostiene en la cultura política que elegimos promover: una cultura del respeto, de la transparencia, del trabajo serio, del diálogo, del consenso posible.
Este año me confirmó algo que siento cada vez con más fuerza: que la política puede ser un lugar luminoso cuando se la ejerce con honestidad, cuando escucha más de lo que grita y cuando entiende que lo público es un patrimonio colectivo.
Participar de esta reforma constitucional, compartir horas de trabajo con personas que piensan distinto, construir acuerdos en un país tan fragmentado, fue un recordatorio profundo de por qué elegí este camino.
Cuando la política se hace con sentido, mejora la vida de las personas. Y cuando mejora la vida de las personas, vale la pena cada madrugada, cada discusión y cada esfuerzo.
Ese sigue siendo —y va a seguir siendo— mi compromiso. Con Santa Fe. Con la democracia. Y con la idea, simple pero poderosa, de que podemos construir un país donde lo inaceptable deje de ser costumbre.
Con cariño,
Lione.
