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La costumbre de lo inaceptable
Publicado el 5 de octubre, 2025

Hola! Una vez más, gracias por estar acá.
La costumbre puede más que la tragedia. Hay un clásico de la literatura que retrata esto que afirmo: en La metamorfosis, de Kafka, un hombre amanece convertido en insecto. Y, a pesar de eso, lo realmente increíble es que lo que más angustia al personaje no es su nueva forma monstruosa, sino llegar tarde al trabajo. La costumbre puede más que la tragedia. Es algo que nos sucede.
Hablemos de nosotros, de Argentina. ¿No te pasó de estar en una conversación en donde, cuando alguien señala un hecho de corrupción, alguno salta y dice “y quién no?”. Esa naturalización es el síntoma más claro de un problema que atraviesa nuestra cultura política: aceptar lo inaceptable.
En estos meses, escuchamos los audios del ex funcionario Spagnuolo, que revelan pedidos de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS); las denuncias que salpican a Karina Milei, las maniobras “turbias” alrededor del caso Libra, y la relación del candidato oficial José Luis Espert con el narcotráfico. Todos los involucrados muestran que el discurso contra “la casta” no era más que un relato vacío. El poder que prometía venir a limpiar la política terminó reproduciendo los mismos vicios que decía combatir.
Y ahí vuelve el peligro de la costumbre. Cuando el escándalo ya no sorprende, cuando el abuso de poder se convierte en noticia de todos los días, y lo monstruoso se vuelve rutina. Está claro: no podemos permitir que eso siga pasando. Aceptar la corrupción es rendirse. Cada vez que dejamos pasar una, la democracia se debilita un poquito más.
Desde la política tenemos una responsabilidad enorme: hacer de la ética pública el piso mínimo. Eso significa transparencia real, declaraciones juradas accesibles, límites a los fueros y rendición de cuentas frente a la sociedad. Con reglas claras y leyes que sean aplicadas. Con instituciones fuertes que no dependan del humor del poder de turno. Todas, condiciones básicas para recuperar la confianza que, como venimos viendo en los índices de participación en las últimas elecciones, se viene perdiendo estrepitosamente.
En este camino, el periodismo de investigación también cumple un rol clave. Siempre menciono a quienes habitualmente consulto, como Natalia Vólosin, Hugo Alconada Mon, o los rosarinos Germán de los Santos y Hernán Lascano (si tienen sus referencias en este tema pasen el dato). Ellos vienen mostrando cómo funcionan estas tramas de poder. Informarnos y acompañar esas investigaciones es parte del cambio; la otra parte es que desde el Estado garanticemos que quienes cometen delitos enfrenten las consecuencias.
El camino no es fácil, los avances no son lineales; la articulación entre distintos actores de la sociedad, en cambio, es primordial.
La política, ejercida con ética, no puede ser una caja de herramientas para garantizar privilegios: tiene que ser la herramienta para que nada ni nadie quede por fuera de la ley. Tiene que ser el espacio donde lo común se defiende, no donde se negocia.
En La metamorfosis, la familia del protagonista termina organizando su vida alrededor del monstruo hasta que la tragedia se vuelve rutina. Nosotros no podemos permitir eso. No podemos naturalizar lo inaceptable.
La democracia se defiende todos los días: con participación, con instituciones fuertes y con una cultura política que no tolere la corrupción como parte del paisaje.
Con cariño,
Lione.
