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¿Cuánto le costó a Rosario?

Publicado el 9 de junio, 2026

¿Cuánto le costó a Rosario?

 Es una pregunta incómoda. También imposible de responder con exactitud. Pero es una pregunta que no podemos dejar de hacernos frente a los casos de Marcelo Bailaque y Gastón Salmain.

Durante años se acumularon denuncias, sospechas e investigaciones sobre magistrados que ocupaban lugares clave dentro del sistema judicial. Sin embargo, los mecanismos de control avanzaron lentamente y las definiciones llegaron mucho después de que las alarmas ya se habían encendido.

La pregunta no es solamente qué hicieron o dejaron de hacer determinados jueces. La pregunta es qué consecuencias tuvo para Rosario que las instituciones tardaran tanto tiempo en reaccionar.

Mientras la justicia federal no hacía nada, nuestra ciudad atravesaba los años más duros de la violencia criminal. Organizaciones como la de Esteban Alvarado crecieron, acumularon poder y extendieron su influencia sobre distintos sectores. Nunca sabremos cuántas cosas podrían haber sido distintas si algunos controles hubieran funcionado antes o si determinadas decisiones se hubieran tomado a tiempo.

Lo que sí sabemos es que las demoras institucionales tienen consecuencias. Y que cuando quienes deben impartir justicia están bajo sospecha, cada día sin respuestas debilita la confianza ciudadana y fortalece la sensación de impunidad.

Por eso esta discusión no debe terminar en Bailaque y Salmain. Debe servir para revisar cómo seleccionamos jueces, cómo los controlamos y cómo actuamos cuando aparecen señales de alarma. Porque la independencia judicial es indispensable, pero no puede transformarse en una excusa para la inacción ni en un refugio para quienes son investigados por hechos graves.

Quizás nunca podamos medir el costo exacto que tuvieron esas demoras. Pero Rosario sabe que ese costo existió. Lo pagaron las víctimas, sus familias y una sociedad entera que durante años convivió con niveles de violencia impensados.

Y esa es la verdadera discusión que tenemos por delante: construir instituciones capaces de actuar a tiempo. Porque cuando las respuestas llegan demasiado tarde, el daño ya está hecho. Y porque una Justicia que llega tarde deja de cumplir su función más importante: hacer justicia.

Con cariño,
Lione.